La dirección de Volkswagen ha pisado el acelerador de su plan de choque financiero anunciando una drástica reducción en la oferta de vehículos y variantes. Según ha revelado la cabecera especializada alemana Automobilwoche a partir de entrevistas con la cúpula directiva, la marca sacrificará las combinaciones de modelos menos vendidas —que afectan principalmente a carrocerías familiares y SUV de nicho— para reducir la complejidad industrial. El objetivo de la matriz es alcanzar un ahorro neto de 6.000 millones de euros de cara al año 2030, una cifra que obliga a optimizar las líneas de montaje y adaptar la capacidad de producción europea a la demanda real.
Contexto y antecedentes
El mercado automovilístico europeo hace tiempo que sufre una caída de la demanda y un exceso de capacidad de producción. Para hacerle frente, el Grupo Volkswagen diseñó el año pasado un programa de rentabilidad interno que ahora empieza a mostrar su cara más dura. El pasado 18 de junio, durante la Asamblea General Anual del grupo, el CEO Oliver Blume ya anticipó a los inversores que el camino hacia la competitividad pasaba por una eficiencia brutal y por recortar la "complejidad" operativa heredada de años anteriores, un mensaje que ahora se ha traducido en medidas palpables.
Explicación detallada de la medida
La reducción de la complejidad se traduce en la práctica en una racionalización del catálogo. Tal como apuntan los informes publicados por la prensa económica alemana esta semana, la estrategia no pasa por cerrar divisiones enteras de un día para otro, sino por aplicar una poda sistemática a la gama de combustión y a las versiones que solo complican la cadena de suministro. Esto supone decir adiós a opciones de motorización marginales, suprimir determinados acabados y poner punto final a modelos híbridos y de combustión con volúmenes de ventas residuales, especialmente en los segmentos de los familiares tradicionales y de los SUV menos populares.
Quién está implicado o afectado
El plan de recortes está capitaneado por el propio CEO de la marca Volkswagen, Thomas Schäfer. En una reciente y reveladora entrevista exclusiva al medio alemán Automobilwoche, el directivo ha confirmado que ya han conseguido reducir la capacidad de producción nacional en unos 700.000 vehículos. Según el mismo diario, esto se ha logrado ajustando turnos y ritmos en fábricas como Zwickau y Emden, a la vez que la icónica Gläserne Manufaktur (la Fábrica de Cristal de Dresde) ha dejado de producir coches para reconvertirse en un campus de innovación. De cara al futuro inmediato, las fuentes señalan que el futuro de las instalaciones de Osnabrück todavía está sobre la mesa de negociaciones.
Impacto para el sector de la automoción
Este movimiento envía una señal clara a toda la industria de automoción europea: la era de ofrecer configuraciones infinitas para cada vehículo ha llegado a su fin. A nivel de proveedores, la reducción de variantes de Volkswagen significará líneas de componentes mucho más estandarizadas. Se usarán menos plataformas y menos arquitecturas electrónicas compartidas entre todas las marcas del grupo (Skoda, SEAT, Audi), acelerando así el proceso de desarrollo desde los 50 hasta los 36 meses.
Datos y cifras relevantes
Los números que manejan en Wolfsburg son contundentes. El objetivo es recuperar un margen de rentabilidad operativo que oscile entre el 8% y el 10% de cara a final de la década. Todo esto se enmarca en un redimensionamiento global de la plantilla que los sindicatos y la prensa local ya hace meses que monitorizan, y que incluye programas de bajas incentivadas y la no cobertura de vacantes para jubilar gradualmente a parte de la estructura fija administrativa antes de la década de los treinta.
Reacciones o consecuencias previsibles
La red comercial de la marca será la primera en notar los cambios. Los concesionarios se encontrarán con listas de precios y configuradores mucho más cerrados y estrictos. En cuanto a la competencia, analistas del sector apuntan que movimientos similares ya se están orquestando en Stellantis y Renault, en un intento desesperado por proteger el margen de beneficio por vehículo antes de que llegue la oleada de eléctricos chinos de bajo coste al mercado comunitario.
En definitiva, y tal como subrayan las principales cabeceras financieras de Alemania, Volkswagen abandona la estrategia del volumen global diversificado para centrarse en una gama de modelos mucho más escueta, potente y rentable. La marca alemana se ve forzada a sacrificar el romanticismo de algunos de sus familiares históricos y la hiperfragmentación de sus SUV para asegurar la supervivencia financiera en plena transición hacia la movilidad eléctrica.