El Congreso de los EE.UU. da un paso clave por el "Derecho a Reparar" con la nueva ley de vehículos, pero con luces y sombras para el sector

El Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes ha aprobado el avance de la Ley de Modernización de Vehículos Motorizados de 2026 (H.R. 7389), un proyecto que pretende garantizar el acceso a los datos de diagnóstico para los talleres independientes, aunque deja al margen la polémica de la conectividad inalámbrica.

El derecho de los conductores y de los talleres independientes a poder reparar libremente los vehículos modernos ha superado una barrera importante en los Estados Unidos. Este mes de mayo, el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes ha votado a favor de avanzar la propuesta H.R. 7389, conocida como la Ley de Modernización de Vehículos Motorizados de 2026.

¿Qué cambia con esta ley?

El objetivo principal de la H.R. 7389 es convertir en ley federal los acuerdos que hasta ahora eran solo voluntarios. En concreto, la legislación codifica partes de los memorandos de entendimiento (MOU) firmados los años 2014 y 2015 entre fabricantes de automóviles y organizaciones de reparación:

  • Vehículos Ligeros (MOU de 2014): obliga a las marcas a proporcionar a los talleres independientes exactamente las mismas herramientas, software e información de diagnóstico que entregan a sus concesionarios oficiales (para vehículos de menos de 6.350 kg).
  • Vehículos Pesados (MOU de 2015): aplica la misma igualdad de condiciones para los vehículos comerciales de gran tonelaje.

Con esta oficialización, la Comisión Federal de Comercio (FTC) de los EE.UU. recibirá por primera vez la autoridad para hacer cumplir estos mandatos e imponer multas o sanciones civiles a aquellos fabricantes que intenten bloquear el acceso a la reparación de terceros.

Una de las novedades más destacadas del texto es la atención a los Sistemas Avanzados de Asistencia al Conductor (ADAS). La ley exige a las autoridades de tráfico (NHTSA) que fijen normas para garantizar que cámaras y sensores de seguridad continúen funcionando correctamente tras una reparación con piezas no oficiales o de recambio libre (aftermarket).

La letra pequeña: una versión "descafeinada"

A pesar de la aprobación en el comité, las asociaciones de talleres independientes y grupos pro-consumidores han recibido la noticia con un optimismo moderado. El texto aprobado es sustancialmente más limitado que otras propuestas más ambiciosas que reclamaba el sector, como la REPAIR Act.

La gran crítica recae en la telemática y los datos inalámbricos. Al basarse en un acuerdo de 2014 (donde el diagnóstico se hacía por cable en el puerto OBD-II), la nueva ley no obliga a los fabricantes a dar acceso directo a las inmensas cantidades de datos que los coches modernos transmiten de forma inalámbrica. En su lugar, el comité se ha limitado a pedir a la FTC que realice un estudio futuro sobre el impacto de estas nuevas tecnologías en el mercado de la reparación, dejando la puerta abierta a que las marcas mantengan el monopolio de los datos conectados.

Los pasos que faltan para ser realidad: aún no es ley

Aunque el avance del proyecto de ley en el comité es un paso oficial y trascendental dentro del sistema norteamericano, la H.R. 7389 aún no es una ley aplicable.

Para que estas medidas entren en vigor de forma definitiva como ley federal de los Estados Unidos, el texto aún debe superar los siguientes escollos legislativos:

  • Aprobación en la Cámara de Representantes: el texto completo debe ser debatido y votado favorablemente por el pleno de la House of Representatives.
  • Aprobación en el Senado: posteriormente, se debe someter a la votación de todos los miembros del Senado de los EE.UU.
  • Firma Presidencial: finalmente, si supera ambas cámaras, requerirá la firma del Presidente de los Estados Unidos para convertirse oficialmente en ley.

El sector de la automoción, tanto fabricantes como reparadores independientes de todo el mundo, observan de cerca este proceso. El desenlace en los Estados Unidos podría establecer un precedente global sobre quién tiene el control definitivo de los datos y la tecnología escondida bajo el capó de los vehículos del futuro.